En el presente texto se hace un análisis de las críticas que se
hacen en el capítulo cuatro “El sistema de instrucción personalizado”, por la autora Otmara González y el capítulo
once “Teoría crítica de la enseñanza” de la autora Adela Hernández Díaz, del
libro “Tendencias pedagógicas contemporáneas”.
Según la autora del capítulo cuatro, debido a los problemas que enfrenta
el sistema educativo se ha planteado nuevos enfoques en el pensamiento
pedagógico con la finalidad de dar solución a tales problemas y hacer más
flexible el currículum. Es el Sistema de
Instrucción Personalizada (SIP) o Plan Keller, el que ha tomado mayor
repercusión. El autor de del sistema fue J. Keller, y dicho Plan fue publicado
a finales de los años 60´s. Para Keller
la educación superior tiene como propósito transmitir de una generación a otra
todo lo que las generaciones anteriores han acumulado, la enseñanza de su
cultura. Por lo que se ha ocupada de investigar: a quién, de qué, cuándo y dónde enseñar. Sin embargo, el
cómo hacerlo no se dice, pues para el autor, esta última cuestión lo resuelve
en el presente, las ciencias de la conducta y la tecnología.
Es por lo anterior que en nuestra labor diaria nos enfrentamos con
esa problemática, o cuestión, cómo hacerles más digerible el conocimiento a los
alumnos, ya que no hay una receta que me indique paso a paso lo que debo hacer,
pues en base al medio, a los alumnos, a sus intereses, a la diversidad de alumnos,
al contexto de éstos se diseñará la metodología para entrar a la acción.
Keller basa su Sistema en el modelo del condicionamiento operante,
por lo que debe haber un estimulante para lograr una modificación en el
aprendizaje. Pues una conducta
operante se refuerza cuando se le aplica un estímulo. Es por ello, que se
insiste en que el docente debe siempre presentar a los alumnos actividades
innovadoras, que en verdad inciten al alumno y despierten su interés por aprender.
El currículum es para Keller un sistema flexible y funcional que
permite combatir la deserción, la retención escolar y la baja eficiencia (problemas
de los que se hablaban al inicio del texto), pues se permite valorar las
asignaturas sobre la base de los objetivos del currículum, ofrecer alternativas
a cada estudiante, terminar en corto tiempo la carrera, programar actividades
que el alumno cumple fuera del aula. Por lo tanto, el SIP permitirá que el
alumno vaya moviendo sus estructuras de
manera individual y privada, a la vez que se respeta su ritmo de aprendizaje y
la necesidad de responsabilizarse de lo que hace.
En el texto se expresa también que la forma básica de enseñanza es el estudio independiente dirigido por instrucciones elasbopradas para
cada unidad de estudio, por lo que las instrucciones deben estar bien
elaboradas, proceso poco sencillo puesto que el que las elabore necesita:
*Dominio de la
materia *Experiencia
pedagógica *Habilidad para
formular objetivos
*Capacidad para
preparar las pruebas de control *Existencia de manuales, materiales para el
trabajo independiente.
Con el Plan
Keller la función del docente y el papel
del alumno toman otro sentido:
*El alumno será
un sujeto activo en el proceso, aumentando por supuesto sus responsabilidades y
su autocontrol.
*El docente
puede dedicarse a actividades y funciones que requieren de una organización
superior.
No se evaluará a
los estudiantes en relación con el rendimiento del grupo sino con los objetivos
trazados, por lo que se individualiza el proceso, evaluando así todo el
proceso.
Del SIP, se han derivado otros sistemas que tratan de suplir algunas
carencias que se han presentado en éste, entre los que destacan:
*El sistema de
instrucción personalizada con entrevistas (desenvolvimiento oral del estudiante).
*El sistema de
instrucción con fechas límites (se agrega fecha límite que los alumnos deben
tener en cuenta para presentar sus exámenes).
*Sistema de
manejo de contingencias (establecimiento o formación de hábitos).
Es necesario destacar pues que el SIP, ha sido base de los sistemas
de enseñanza abierta que existen en la actualidad en muchos países. Pues parten
de la posibilidad del sujeto que aprende de forma independiente. Dicho sistema
es un enfoque adecuado para los sistemas de enseñanza abierta y para aquellos
donde se posibilita un trabajo autodidacta y autónomo por parte del sujeto.
En el capítulo once, la autora nos trata de enfocar a las tendencias
pedagógicas que se han generado en los últimos años con la finalidad de cambiar
de manera radicar las prácticas y metodologías que se aplican en el campo
educativo por otras que inciten al alumno a formarse un criterio de lo que acontece, a despertar sus habilidades de modo
que se haga un ser activo; analítico, crítico, cuestionables. Así mismo, en
este capítulo se expresan las ideas que
otros autores tienen sobre la misma tendencia.
Según la autora, la teoría crítica surge en la escuela de Frankfurt,
planteando que el proceso educativo debe permitir lograr explicaciones nuevas a
los conocimientos ya alcanzados en las ciencias, puesto que en la escuela se
plantea a la ciencia como la única verdad, ya acabada. Y se afirma que es en la
práctica educativa donde se adquieren significados nuevos que van conformando
su identidad. Así pues, se considera a la Institución escolar como emancipador
de los estudiantes, medio por el cual los sujetos se apropiarán del saber, por
tanto, debe estar al servicio del pueblo.
Es por ello que se espera que la escuela tome un papel
transformador, que garantice una buena enseñanza, alumnos que logren organizar
sus conocimientos de manera clara e integral, para lo cual, se debe
proporcionar al alumno condiciones propicias para lograrlo.
Para José Carlos Libaneo (Brasileño) la práctica escolar se basa en
condiciones sociopolíticas que determinan diferentes valoraciones del papel de
la escuela, el aprendizaje, las relaciones alumno-profesor, técnicas
pedagógicas, entre otros, que lo llevan a elaborar una propuesta de
investigación en el campo pedagógico.
Por lo tanto esta tendencia (pedagógica progresista) parte de un
análisis crítico de las realidades sociales, asignando a la educación un fin
sociopolítico.
Se hace pues una crítica de los contenidos, lo tradicional y lo
renovado. Por lo que hay que considerar que cuando el alumno llega a la
escuela, a un grupo no va en blanco, vacío, posee un esquema cognitivo que debe
el docente aprovechar creándole condiciones para desarrollarlo, estimular sus
capacidades de análisis, crítica, asimilación, valoración, lo que lo llevará a
desarrollar en el alumno un pensamiento superior.
Por otra parte para Susana Barco, representante de la didáctica
crítica, el conocimiento se construye en el proceso de enseñanza, por lo que la
interpretación vivencial del alumno es fundamental, por tanto es necesario
incluir activamente al alumno dentro de dicho proceso.
Esta tendencia pretende pues hacer del proceso de enseñanza, un
proceso móvil, donde el sujeto se haga responsable de su proceso, de su
conocimiento con ayuda colectiva, ya que el fin del proceso no es el
conocimiento sino el medio para interrelacionarse profesores y alumnos. Y el
proceso de adquisición de conocimientos como producto del intercambio entre el
medio y el sujeto, siendo el docente quien diseña actividades a partir de las
experiencias y vivencias de los alumnos y de sus necesidades. Se le atribuye al
docente pues la función de mediador del proceso, propiciador de que el alumno
descubra la veracidad de lo que ha ido construyendo. Acercarlo a su realidad y que sea capaz de confiar en
él, y crea en sus potencialidades.
W. Carr y S. kemmis, por su parte, plantean la necesidad de
convertir al docente en investigador dentro de su propias prácticas,
favoreciendo así el método de investigación – acción. Ello posibilitará que el
docente reflexión y autocritique su actuar, reconozca sus aciertos, fallas,
limitaciones, así como los factores que están obstaculizando el logro de sus
objetivos, para actuar y lograr mejorar su práctica, es así pues que el docente
se convierte en partícipe activo de ella.
Considero que lo que los autores plantean es indispensable para
lograr mejores resultados, por lo que finalizo este escrito haciendo una
invitación a los docentes que están inmiscuidos en el campo de la educación ha
hacer investigadores de nuestra propia práctica, ha autoevaluarnos, analizar y
valorar nuestras acciones con el objetivo de reconocer en qué estamos fallando
para mejorar nuestro quehacer, pues recordemos lo que Miriam y Otmara González
expresan en el capítulo “Modelo de la investigación en la acción”, el impulso
de la investigación educativa implica
que el docente se involucre en la identificación, el análisis crítico y
la búsqueda de soluciones, se constituye un motor de perfeccionamiento de la
enseñanza, de la formación permanente de éste.